¡Una final digna de Top Chef! Pascual y Alonso eran los finalistas, pero como en todo servicio de grandes restaurantes, necesitaban la ayuda de grandes  Sous-Chefs. La tarea de elegir a los ayudantes de cocina de esta final recaería en el sabor de los 14 eliminados. Sólo que, en vez de hacer un plato distinto, debían volver a hacer el plato que precisamente los alejó de esos jugosos 25,000 balboas y el titulo de ser el 3er Top Chef de Panamá.

Esta era la perfecta oportunidad para reivindicarse y cada uno de los chefs lo sabían. La cuenta regresiva empezó y con ello el entusiasmo de hacer mejor las cosas puso a quienes uno menos pensaba como los elegidos.

Pascual eligió a Alexander y Raúl, dos grandes que fueron eliminados en la recta final, mientras que Alonso siendo de la nueva escuela también se alió con mentes jóvenes como el alquimista de la cocina, Hiram y el experto en pasta, Israel.

Ya todo estaba listo, las maletas llenas de sueños e implementos de cocina nos llevaron hasta la Hacienda San Isidro en Pesé.

Los chefs y sus sous chefs fueron recibidos ante un imponente sol, los jurados los recibieron y dieron las indicaciones. Todo estaba dicho y los grandes rivales empezaron cada uno en su podio a organizarse con sus respectivos ayudantes.

Por un lado, teníamos a los chefs de la vieja escuela realizando platos maestros y por otro lado, estaba Lonshox con su equipo lleno de ingenio y nuevas ideas. La mesa de jurados tenía a los mejores chefs y foddies de Panamá sentados como Fabien Migne, Luis Mendizabal, Pedro Masoliver, Charlie Collins, Arturo Illueca, entre otros. Como invitados especiales estaban los participantes.

El tiempo se había acabado, y el servicio empezaba, eran 6 tiempos, 6 platos que debían probar de cada finalista. Algunos fueron asombrosos otros no tanto. Para el jurado fue sumamente difícil sacar al ganador, pero los números no mienten y había uno que se llevaba más puntos que otro.

Y ese fue Alonso Garcia, el chef lleno de sorpresas, el que demostró ser una caja de pandora y esta noche se alzaba con el cuchillo dorado y la humildad de no creer que había ganado.

La alegría que sentía fue tan grande que no pudo evitar tumbarse al suelo junto a los que lo ayudaron a llegar a la meta.

¡FELICIDADES ALONSO! un triunfo muy bien merecido.

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